La primera vez que escuché a los genios de Liverpool era un polluelo lampiño de apenas 14 años de edad; Hey Jude fue la carta de presentación con la que estos cuatro grandes de la música invadieron mi mundo adolescente, llenando de luz ese bosque umbrío de la inspiración que no se atrevía a gritarme en el cerebro que también era capaz de escribir.
Había crecido escuchando canciones románticas, disco, salsa y cumbia pero fue Raúl –compañero de aula en la secundaria- quien un buen día enterado que mi padre acababa de comprar un súper equipo reproductor de música se apareció por casa con dos LP de The Beatles. Apenas vi en la carátula a unos barbudos desaliñados me sentí incomodo pero era mi mejor amigo y no podía ser descortés. En una de las portadas los músicos cruzaban una pista, y en la otra posaban parados en un viejo portón.
Emocionado, “Lucky” –así lo apodábamos- desenfundó el primer LP, colocó aquel enorme circulo de vinilo en el tocadiscos y los acordes de “Hey Jude” empezaron a sonar, lo demás fue magia. Terminada la canción cambió el disco por el segundo y “Come Together” retumbó en toda mi sala; acababa de ingresar al universo de los “Beatlemaniaticos”.
Al fondo las imponentes islas, grandes embarcaciones cruzando frente a ellas, un mar en calma reventando tímidamente en la orilla, el sol de verano brillando agresivamente sobre la bahía, y nosotros observando, parados tras la ventana de mi casa en pleno viaje astral, desdoblados volando por el cosmos sin necesidad de un porrito, guiados solo por la música de los genios; ambos en pleno éxodo rompiendo por un instante el cordón umbilical con la realidad.
Hoy estuve viendo una colección de DVDs de la historia de The Beatles (10 horas de duración) y caí en cuenta que cuando tenia 7 años de edad este grupo acababa de separarse, fue después de 7 años de su separación cuando los escuché por primera vez; la colección de DVDs la compré en el 2002 y después de 7 años nuevamente la he vuelto a ver, solo espero que no pasen 7 años para poder asistir a un concierto de Paul McCartney. El CD que más termino por agradarme ha sido él ultimo que grabaron: Let It Be.
Luego me enganché con muchas otras bandas de rock, últimamente con Maroon Five y Franz Ferdinand pero The Beatles es The Beatles.
“Hey Jude, no lo hagas mal, / Toma una canción triste y mejórala, / Recuerda dejarla dentro de tu corazón / Y luego puedes empezar a hacerla mejor.” (The Beatles)
Tu opinión es importante.
Había crecido escuchando canciones románticas, disco, salsa y cumbia pero fue Raúl –compañero de aula en la secundaria- quien un buen día enterado que mi padre acababa de comprar un súper equipo reproductor de música se apareció por casa con dos LP de The Beatles. Apenas vi en la carátula a unos barbudos desaliñados me sentí incomodo pero era mi mejor amigo y no podía ser descortés. En una de las portadas los músicos cruzaban una pista, y en la otra posaban parados en un viejo portón.
Emocionado, “Lucky” –así lo apodábamos- desenfundó el primer LP, colocó aquel enorme circulo de vinilo en el tocadiscos y los acordes de “Hey Jude” empezaron a sonar, lo demás fue magia. Terminada la canción cambió el disco por el segundo y “Come Together” retumbó en toda mi sala; acababa de ingresar al universo de los “Beatlemaniaticos”.
Al fondo las imponentes islas, grandes embarcaciones cruzando frente a ellas, un mar en calma reventando tímidamente en la orilla, el sol de verano brillando agresivamente sobre la bahía, y nosotros observando, parados tras la ventana de mi casa en pleno viaje astral, desdoblados volando por el cosmos sin necesidad de un porrito, guiados solo por la música de los genios; ambos en pleno éxodo rompiendo por un instante el cordón umbilical con la realidad.
Hoy estuve viendo una colección de DVDs de la historia de The Beatles (10 horas de duración) y caí en cuenta que cuando tenia 7 años de edad este grupo acababa de separarse, fue después de 7 años de su separación cuando los escuché por primera vez; la colección de DVDs la compré en el 2002 y después de 7 años nuevamente la he vuelto a ver, solo espero que no pasen 7 años para poder asistir a un concierto de Paul McCartney. El CD que más termino por agradarme ha sido él ultimo que grabaron: Let It Be.
Luego me enganché con muchas otras bandas de rock, últimamente con Maroon Five y Franz Ferdinand pero The Beatles es The Beatles.
“Hey Jude, no lo hagas mal, / Toma una canción triste y mejórala, / Recuerda dejarla dentro de tu corazón / Y luego puedes empezar a hacerla mejor.” (The Beatles)
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Ciertamente el tema de la influenza porcina no es para bromear pero en mi caso es inevitable hacer una pequeña reflexión a mi manera. Cada diario –sea del país que fuera- siempre trae algo nuevo con que desequilibrar nuestro estado emocional y terminar comiéndonos las uñas por el nerviosismo que nos despierta. Al final los más beneficiados con toda esta situación son los medios de comunicación amarillistas que intentan encontrar algún mensaje escondido dentro de las centurias escritas por Nostradamus que nos revele algo, o recurren a la Biblia como fuente de ayuda para explicar lo que está sucediendo en el mundo.
El único punto de referencia que el pueblo japonés tenia del Perú era indiscutiblemente el majestuoso Machu Picchu o las misteriosas líneas de Nazca. Pero la popularidad del país que me vio nacer y que quizás no me verá morir creció con la llegada del ex presidente Alberto Fujimori al gobierno peruano. ¿De qué país eres? Del Perú. ¡Ah... Fujimori san! Era el clásico dialogo, aunque aisladamente por ahí alguien terminaba hablándome de la grandeza del imperio inca, en ese momento henchido de orgullo respondía con un emocionado ¡Sí!
El ímpetu de aquellos besos llenos de fogosidad nos hizo vulnerables a las ordenes excitantes del deseo, desbordándose en ambos el copioso afluente liquido seminal. Sus ojos marrón claro y los míos habían dejado de ser los de una pareja latina, eran dos líneas horizontales de un rostro oriental; ambos sonreíamos. “Te amo”, me dijo. Yo guardé silencio, observabandola fijamente, tratando de perpetuar su rostro juvenil en mi memoria. “Te quiero”, la escuché decir, yo solo la abracé. Dejamos transitar unos minutos y luego nos pusimos de pie, nuevamente nos abrazamos; el diminuto bikini amarillo cubriendo su húmedo sexo se unió a mi húmeda sunga. Abrazándola la besé a la vez que le decía “nunca te olvidaré”.


