06 noviembre 2009

Mis Amores Platónicos

Cuando era joven tenia una divertida manía, cada vez que subía al autobús para trasladarme a la universidad, ir de visita a la casa de un familiar o para encontrarme con la enamorada , me gustaba buscar dentro de los usuarios femeninos el rostro más bonito, el que parecía estar más triste o alegre, la elegida podía ser joven o algo mayor, la observaba todo el tiempo que demoraba el recorrido del transporte público mientras en mi cabeza se iba tejiendo toda una historia de amor, el libreto mental que en ese espacio de tiempo creaba mi cerebro llevaba diálogos, risas, lágrimas y algunas veces pequeñas broncas; el resultado de todo esto fue una serie de cuadernillos con hojas cocidas a mano lleno de poemas.

¿Cuándo empezó este jueguito? En realidad todo se inició con la lectura en la secundaria de la novela “María” del colombiano Jorge Isaacs, tendría catorce años, cuando quedé profundamente enamorado de la protagonista. Con un nudo en la garganta y el deseo que le brotaran más páginas al libro, en donde se cambiara el final, me resigne a aceptar que la historia había llegado a su fin. Hasta entonces solo tenía escrito mis propias “canciones”. “María” fue mi primer gran amor platónico.

Pasó mucho tiempo para volver a sentir ese especial sentimiento por alguien a quien nunca vi en persona y que ya llevaba mucho de estar ausente de este mundo. “Evita” Perón fue mi segundo gran amor platónico. Una mujer firme en sus ideales, enamorada hasta el tuétano de su marido, de gran carácter, entregada en alma a las causas sociales, incondicional aliada del hombre que amó, segura de sí misma, “mujer de mujeres” que supo calar en el corazón de su pueblo.

Después de varios años aconteció algo sorprendente, terminé enamorado de Carmen Morales ¿Quién me la presentó? Isabel Allende, ni más ni menos, así como lo leen, en su novela “El Plan Infinito”. De este personaje –aunque la autora declaró que ella existe y es su amiga- me encantó su forma de vestir: faldones tipo gitana, bisutería de cachemira y cuero, aretes con recordatorios tradicionales de Centroamérica. Su esfuerzo para salir de la pobreza y conseguir, a base de trabajo honesto, el éxito en su vida, su alma noble y la valentía para ir tras el amor de su vida, venciendo las distancias, convirtieron a Carmen Morales en mi tercer amor platónico; nació de un libro pero se quedó dentro mi corazón como un amor real.

Cuando creí que ya no volvería a repetirse este tipo de amor mezcla de realidad y ficción apareció la genial pintora mexicana Frida Kahlo atrapándome con la magia de su arte. Después de leer su biografía y ver cuanto documental existe de ésta hermosa, genial, maravillosa y admirable mujer de gran personalidad caí rendido ante su memoria. Enamorada sin límites de su esposo y muralista, también mexicano, Diego Rivera. La artista supo brindar un tipo de amor sobre natural, como el que casi ya no existe… como el que hoy me brindan. Sí o sí, tengo que conocer “La Casa Azul”, en Coyoacan, lugar donde creció, vivió, pintó, y murió la más grande de las pintoras mexicanas. Ella fue mi cuarto y último maravilloso amor platónico.

Si esta confesión la hubiera leído en otro blog diría que el autor anda medio loco, que ya se le volaron los plomos pero también diría que bella locura que le ha permitido sentirse feliz.


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28 octubre 2009

La leyenda del "Ahogado"

Crecí como muchos "chibolos" (niños) escuchando historias de fantasmas y brujas, algunas veces me las creí y asustado pasé muchas trasnochadas siempre alerta para salir volado por si algún espectro despistado venía a visitarme. Cuando descubrí que todo era puro cuento, una farsa de los mayores para mantenernos alejados de algunos sitios, empecé a inventar mis propias historias que luego se las relataba a la collera (amigos), llegando incluso a jurar "por diosito" con tal que se tragaran el cuento y esa noche sufrieran de insomnio.

Mi infancia y adolescencia transcurrió viviendo frente al mar, observando a diario las islas, pelícanos, gaviotas, lanchas, redes, respirando la brisa marina, el cabello alborotado por el fuete viento y escuchando conversaciones de pescadores. Una de las leyendas más populares en ese pequeño y hermoso mundo era la del "ahogado", en ella se decía que cuando una persona moría ahogada su alma salía por las noches a vagar por la orilla de la playa en busca de algún incauto. Si escuchabas su lamento muy lejano significaba que se encontraba ya a espalda tuya pero si este mismo lamento se oía cercano aún estabas a tiempo de echarte a correr, cuando ya no había escapatoria decían que la única forma de hacerle frente era rezar en voz alta, tan fuerte como pudieras, sin acobardarte, y jamás meterte al mar o demostrarle miedo de lo contario empezarías a convulsionar y votar espuma por la boca. Los hombres de mar solían asegurar haberse topado cara a cara con el mismísimo "ahogado" o visto algún difunto lleno de espuma como perro rabioso tendido en la arena.

Una noche acordamos con los amigos del barrio o la cuadra –según el país- camuflarnos entre las redes que los pescadores dejaban secando a la intemperie -inmensas sabanas de hilo oscuro que cubrían el extenso malecón- para ver al famoso "ahogado", las horas avanzaban y el miedo crecía pero ahí estábamos agazapados los cazafantasmas infantiles estoicamente esperando la llegada del espectro. El sepulcral silencio de la bahía era roto cada cierto tiempo por el reventar de las olas bajo un cielo estrellado como testigo. De pronto una voz enfurecida nos hizo saltar el corazón: ¡Javierrrrrr…! ¡Aparece de una vez si no quieres que te encuentre! ¡¿Ya estas aquí?... A la unaaa, a las dosss y a las tresss! Inmediatamente salí de mi escondrijo playero, era mi madre que me andaba buscando. Así quedó truncada la que pudo ser una de las gloriosas hazañas de mi infancia.

Como buen nacido bajo el signo de leo no me di por vencido, después, en otra noche, me amanecí observando el mar desde mi ventana, escondido tras la persiana, pero nunca apareció el famoso pariente de "gasparin" por lo que decidí ahogar la leyenda en mi mundo de fantasías y empezar a crear mis propias leyendas. Lo rescatable de esta experiencia de "chiquititu" fue el recuerdo que me quedó de la trasnochada: el canto de las gaviotas por la mañana, las suaves palmadas de las olas en la orilla, ver un cielo celeste de la mano de un tímido sol, el particular aroma de la brisa que tenía el amanecer al filtrarse por el ventanal de mi sala, y la imaginación singlando frente a las islas.


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19 octubre 2009

Sayonara o Bye, Bye, aprendiendo el idioma japonés

Uno de los primeros objetivos para los latinos que de pronto tomaron la decisión de establecerse en éste archipiélago fue aprender el difícil idioma japonés, ya que no se dieron el tiempo de conocer algo de su cultura, al menos lo básico que les ayudara a comunicarse con sus nuevos interlocutores. El inicio fue algo accidentado, cada quien optaba por el sistema de aprendizaje que mejor se acomodaba a su capacidad intelectual o disponibilidad de tiempo.

En los años 90 cada contratista contaba como asistente con un traductor, quien se convertía en un personaje importante entre la fábrica y nosotros. Lo malo era, que muchas de las veces éste protagonista solía tergiversar lo que intentábamos explicar o nos interpretaba de acuerdo a su estado de ánimo lo que en verdad nos quería dar a entender el jefe. Cansados de ésta situación muchos optamos por dar nuestros primeros “pininos” (pasos) en el nuevo idioma de palabras raras que sonaban muy graciosas al oírlas.

De lunes a viernes permanecía 12 horas dentro de la fábrica y los sábados 8 horas chambeando como los machos. Terminada la faena laboral montaba la bicicleta y de regreso al apato (casa) recorría cantando por los oscuros arrozales, puentes y caminos que parecían grandes toboganes asfaltados. En casa, ya duchado, con la barriga llena, abrazado por el cansancio y la media noche a cuestas me acomodaba en el futon (cama) y le daba una rápida lectura al libro pirata de español-japonés que me trajera del Perú.

Al día siguiente muchos de los compatriotas hacíamos gala de las nuevas palabras aprendidas: saludos, colores, números, etc. Fueron en realidad las groserías lo primero en memorizar. Los japoneses que trabajaban como obreros junto a nosotros eran muy dados a tratar de mala manera a los extranjeros, siempre con un aire de superioridad, continuamente solían insultarnos, aunque había una minoría de ellos que buscaban ser nuestros amigos, eran los más inteligentes.

Los domingos eran sagrados, ése día lavaba el uniforme, limpiaba la habitación, hacía las compras para la semana, me echaba un par de cervezas viendo algún vídeo o simplemente salía a caminar distrayendo la vista con las hermosas féminas orientales. Toda ésta rutina tuvo que ser modificada frente a la necesidad de aprender el idioma. Algunos de los quehaceres los adelantaba el sábado por la noche, al día siguiente muy temprano salía rumbo a la estación del tren para dirigirme al Centro Internacional de Nagoya a recibir mis primeras lecciones de japonés.

La clase consistía en sentarse frente a frente con otra persona de éste país que deseaba aprender español, la verdad fue muy escaso lo que logré asimilar, en poco tiempo terminé retirándome. Entonces se me ocurrió rentar vídeos de dibujos animados partiendo de la idea que los diálogos de éstas películas estaban hechos para el fácil entendimiento de los niños, por ende viables para mi rápido aprendizaje, así fue como logré avanzar un poco en el idioma asiático.

Hace unos días en el centro comercial de mi zona me encontré con una amiga japonesa, conversamos brevemente recordando el tiempo que trabajamos juntos, luego con una educada reverencia nos despedimos: “Sayonara” le dije con un tono de voz agradable, vaya sorpresa que me pegué cuando me respondió con un coqueto “bye, bye”, lógicamente esperaba que su respuesta fuera en japonés.

Mientras me retiraba sonriendo, reflexionaba: “Tanto esfuerzo por aprender el idioma para que terminen respondiéndome en inglés”.


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12 octubre 2009

Manos de piel arrugada y con pecas.

Algunas pecas han empezado a ser parte en la piel de una mano que se arruga, como el clima que anuncia la llegada de una nueva estación, presiento que estos pequeños tatuajes naturales me avisan que va llegándole el otoño a mi vida. Las observo como fotos y descubro los cambios que he experimentado desde que aquellas manchas se imprimieron en ellas. Pienso en el tiempo que viví y en el tiempo que no llegaré a vivir. Lloro recordando a los familiares que hoy habitan en ese otro mundo y esperan mi llegada. Sonrío haciendo memoria de la gente que conocí, que amé, que me amó, que me detestó y de aquellas que me idolatraron.

Quise ser cantante, luego compositor y encerrado en mi cuarto escribía lo que imaginaba serian grandes hits, era un pequeño estudiante de la primaria. Cuando cursaba la secundaria pensé que podría ser poeta y continué escribiendo, esto ayudó a que muchas cabecitas femeninas se apoyaran en mi hombro y me regalaran apasionados besos. A los 16 años de edad dejé el manto protector del hogar, me fui lejos de la mesa llena de potajes para estar más cerca de la escasez. Ingresé a la universidad para orgullo de mis padres y aburrimiento mío, así me convertí en un estudiante de administración de empresas. Ver tanta pobreza sembrada en los cerros de mi país me llevó a involucrarme en el mundo de la dirigencia popular: cogí mis esteras, palos, cartones, plásticos y planté mi choza junto a ellos.

Evoco con mucha felicidad la vez que siendo secretario de organización los pobladores del lugar donde vivía me dieron una fiesta sorpresa –soy enemigo de estos eventos- para celebrar mi onomástico. En un sitio donde no existía la luz eléctrica, agua, desagüe, tampoco pistas, los vecinos le robaron un poco a su pobreza para demostrarle su gratitud al joven Javier. Nos alumbramos con mecheros de kerosén, la música sonó con la ayuda de una batería de automóvil, la alegría aumentaba con el licor adulterado que bebíamos, bailamos huaynos (música andina), cumbias, valses criollos y cantamos boleros a todo pulmón. Este fue uno de los muchos momentos bellos que la vida me ha dado.

Nuevamente presto atención a mis manos y viene a mi memoria la imagen de mi hija, me recuerdan las veces que ellas le dieron cariño, que hicieron imágenes con la sombra para hacerla reír, que frotaron su barriguita para que su sonrisa infantil gobernara la habitación. Manos que hoy visten pecas imperceptibles, se perdieron el tiempo de coger sus manos y llevarla a jugar al campo.

Imagino que cada dedo de estas longevas manos representa 10 años de mi vida, me aborda el gran deseo de querer vivirlos todos. Si solo alcanzo 5 dedos de vida sería una existencia amputada. Con un poco de suerte podrían ser 7 u 8 lo que significaría que mi paso por este mudo fue accidentado y no llegué a cumplir el ciclo deseado.

Estas manos que aprendieron a deslizarse en el hermoso cuerpo femenino, manos que encontraron el camino entre los muslos de su amada, elevándola en extasiado vuelo, hoy son el arrugado lienzo donde observo el pasado.

“Benditas sean tus manos mi amor”, dijo ella. “Bendita tú amor, por coger mis manos entre las tuyas”, le respondí.


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02 octubre 2009

Lo que se empieza se continúa.

Un buen día el autor de ésta bitácora le cogió la mano al tiempo y se fue con él, caminando por senderos desconocidos, tragándose las fechas del calendario, guiado por sus consejos aprendió a vivir nuevamente en la escasez; sin darle un beso de despedida se alejó de su blog. Vagó confundido entre sus problemas, descuidando lo que siempre le entusiasmó: escribir. Más de una vez pensó en regalarle al olvido su mente, sus manos, su imaginación. Sintió el deseo de darle la espalda a su mundo blogger para que muriese por inanición de visitas ante la ausencia de nuevos textos. Pero ya saben “quien se va sin que lo voten regresa sin que lo llamen” y acá lo tienen redactando éstas líneas.

La actual situación económica de Japón ha generado una radical escasez de trabajo, en especial para el extranjero, motivo por el cual muchos hemos tenido que modificar nuestra forma de vida y planes a futuro. En lo particular esto me ha retrasado solo unos meses la vuelta a la tierrita pero mientras permanecemos en este archipiélago el dinero sigue saliendo del ya menguado ahorro. Si tenemos en cuenta que solo trabajamos algunos días, unas cuantas horas y hay que pagar el departamento, la luz, el agua, el gas y los alimentos es fácil comprender el estado anímico con el que uno se encuentra. La voluntad por escribir se desvanece y la desesperación empieza a dominar.

Muchas veces mis neuronas se enfrascaron en dura batalla: unas sugiriendo que cerrara definitivamente las puertas del blog, y otras gritando que no era justo, que lo que se empieza se continúa. Ahora me doy cuenta que hubiera sido un suicidio, y una traición para los pocos o muchos lectores de este espacio.

La esperanza que pronto todo va a mejorar me ha devuelto el ánimo y las ganas de seguir contando mis historias. Nuevamente encontré la brújula, he vuelto al coso para cumplir buenas faenas mis amigos.

Gracias a este tiempo de ausencia he podido darme cuenta quienes no solo son lectores sino también amigos. Para todos aquellos que extrañaron mis escritos, que se preocuparon por saber de mi paradero y han tenido la paciencia de esperarme... ¡Mil Gracias!


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27 mayo 2009

Recordando con The Beatles.

La primera vez que escuché a los genios de Liverpool era un polluelo lampiño de apenas 14 años de edad; Hey Jude fue la carta de presentación con la que estos cuatro grandes de la música invadieron mi mundo adolescente, llenando de luz ese bosque umbrío de la inspiración que no se atrevía a gritarme en el cerebro que también era capaz de escribir.

Había crecido escuchando canciones románticas, disco, salsa y cumbia pero fue Raúl –compañero de aula en la secundaria- quien un buen día enterado que mi padre acababa de comprar un súper equipo reproductor de música se apareció por casa con dos LP de The Beatles. Apenas vi en la carátula a unos barbudos desaliñados me sentí incomodo pero era mi mejor amigo y no podía ser descortés. En una de las portadas los músicos cruzaban una pista, y en la otra posaban parados en un viejo portón.

Emocionado, “Lucky” –así lo apodábamos- desenfundó el primer LP, colocó aquel enorme circulo de vinilo en el tocadiscos y los acordes de “Hey Jude” empezaron a sonar, lo demás fue magia. Terminada la canción cambió el disco por el segundo y “Come Together” retumbó en toda mi sala; acababa de ingresar al universo de los “Beatlemaniaticos”.

Al fondo las imponentes islas, grandes embarcaciones cruzando frente a ellas, un mar en calma reventando tímidamente en la orilla, el sol de verano brillando agresivamente sobre la bahía, y nosotros observando, parados tras la ventana de mi casa en pleno viaje astral, desdoblados volando por el cosmos sin necesidad de un porrito, guiados solo por la música de los genios; ambos en pleno éxodo rompiendo por un instante el cordón umbilical con la realidad.

Hoy estuve viendo una colección de DVDs de la historia de The Beatles (10 horas de duración) y caí en cuenta que cuando tenia 7 años de edad este grupo acababa de separarse, fue después de 7 años de su separación cuando los escuché por primera vez; la colección de DVDs la compré en el 2002 y después de 7 años nuevamente la he vuelto a ver, solo espero que no pasen 7 años para poder asistir a un concierto de Paul McCartney. El CD que más termino por agradarme ha sido él ultimo que grabaron: Let It Be.

Luego me enganché con muchas otras bandas de rock, últimamente con Maroon Five y Franz Ferdinand pero The Beatles es The Beatles.

“Hey Jude, no lo hagas mal, / Toma una canción triste y mejórala, / Recuerda dejarla dentro de tu corazón / Y luego puedes empezar a hacerla mejor.” (The Beatles)



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16 mayo 2009

Si algún día te llegara a conocer.

Cuando se es joven uno siente que tiene el mundo en un puño, pensamos que todo es divertirse, enamorarse y ser feliz. Pero los años nos empiezan a caer encima y con ellos un sin fin de nuevas responsabilidades vienen a llenar aquella maleta que nos toca cumplir en la vida. Muchas veces el temor a lo desconocido, la inexperiencia, conlleva a que se tome decisiones erradas que después se quisieran corregir, es en ese momento cuando se toma conciencia que una vez cruzado el puente de la adolescencia, juventud y el ser adulto ya no hay marcha atrás.

Para ser feliz hay que cerrar ciclos porque de lo contrario nos sentiremos incompletos, inconformes con nosotros mismos. Yo tengo uno que jamás veré culminado, tal vez estoy siendo demasiado realista, quizás estoy equivocado pero es haberme sentido realmente papá. Un amigo me dijo hace algún tiempo “aun estas joven y si no me equivoco todavía activo”, le respondí que “todavía puedo procrear pero hubiera querido tener un hijo(a) para verlo crecer, no solo para que me vea envejecer”. Aunque tengo una hija a la que quiero mucho, ella nunca estuvo junto a mí físicamente solo dentro de mi corazón.

¿Cómo se habría llamado? Camilo(a), según el sexo, siempre me gustó ese nombre después de Karina lógicamente. Muchas veces me soñé viéndolo(a) crecer, ser parte de su historia, convirtiéndome en su súper héroe, en el hombre que todo lo puede, en su ejemplo, sin que sospechara que yo solo era lo que quería que él o ella fuera en la vida: la mejor persona.

Hace varios años mientras trabajaba en un inmenso horno dentro de una fábrica procesadora de pescado le compuse este intento de poema al hijo(a) que esperaba llegara algún día:

Si algún día te llegara a conocer
te llevaría cerquita de mi pecho
para que sientas lo mucho que te quiero
y cómo la vida me cambia por ti.

Si algún día te llegara a conocer
te llamaré quizás ¡Campeón!
O mi más bella ¡Princesa!
Te robaré cada uno de tus besos o
me darás alguna trompada en la cabeza.

Si algún día te llegara a conocer
será porque Dios ya perdonó
el peor de los pecados
que en la vida
por mucho tiempo me atormentó.

Tengo la esperanza que en el futuro alguno de mis nietos lleve el nombre que se quedó guardado en mi alma para él que nunca llegó. Por ahora soy el sabelotodo, el amigo, el mago de mis sobrinos Jared y Brian que supieron despertar con su inocente confianza el lado paternal que largamente estuvo invernando dentro de mi, aunque a veces esto ha estimulado sanamente algunos celos.

La vida juega ¿quién la comprende? Por más deseos las cosas siempre son diferentes.


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29 abril 2009

Influenza Porcina (ligera reflexión).

Ciertamente el tema de la influenza porcina no es para bromear pero en mi caso es inevitable hacer una pequeña reflexión a mi manera. Cada diario –sea del país que fuera- siempre trae algo nuevo con que desequilibrar nuestro estado emocional y terminar comiéndonos las uñas por el nerviosismo que nos despierta. Al final los más beneficiados con toda esta situación son los medios de comunicación amarillistas que intentan encontrar algún mensaje escondido dentro de las centurias escritas por Nostradamus que nos revele algo, o recurren a la Biblia como fuente de ayuda para explicar lo que está sucediendo en el mundo.

Esta es una oportunidad que los representantes católicos, cristianos, evangélicos, mormones, testigos de Jehová, ortodoxos, protestantes, etc. no dejaran pasar para recordarnos que el Apocalipsis cabalga raudamente hacia nuestro presente y que la batalla entre el bien y el mal ha empezado. Volverán a enumerar las guerras, a recordar el SIDA, el calentamiento global y ahora la influenza porcina como el inicio de la cuenta regresiva hacia la extinción de nuestra especie. Y que aun estamos a tiempo de expiar nuestros pecados, de arrepentirnos de todo lo bailado.

Por otra parte puedo presagiar que vamos camino a convertirnos en vegetarianos ¿qué no? ¡Claro que sí! Bastaría con dar un repaso a las enfermedades que han atacando al tipo de carne que consumimos: Res (vaca loca); Ave (gripe aviar); Pescado (el colera); Porcino (influenza porcina); y al ser humano el SIDA.

Creo que con la influenza porcina se establece un antes y un después dentro de las relaciones personales porque si antes te saludabas con un beso en la mejilla ahora no puedes ya que corres el riesgo de ser contagiado, y qué decir de esos lengüeteos o copulaciones labiales que poco a poco serán parte del recuerdo, quedando como una sana alternativa para demostrar nuestro afecto los “besos volados”, aunque por si acaso los debamos esquivar, no resulte que el virus aprenda a volar y nos jode la salud.

Imaginémonos en el tálamo, allí donde los problemas se solucionan, donde el idioma no importa, donde la excitación y el amor nos manejan como títeres, ambos con mascarillas desechables: Ella con un tapaboca de color rosa y él con su tapaboca de color azul más el condón de color distinto; de seguro ésta variopinta situación echaría por tierra la atmósfera de sensualidad que debería reinar en la habitación ¿o no?

Esperemos a ver que sucede dentro de seis meses que es el tiempo que los científicos en epidemiología demorarán en encontrar una vacuna para protegernos de ésta nueva enfermedad, por ahora nos toca cumplir con las indicaciones del ministerio de Salud de cada país y educar a nuestros hijos, hermanos, padres, amigos, vecinos y pareja sentimental en el hábito de la limpieza.


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23 abril 2009

Peruanos en Japón.

El único punto de referencia que el pueblo japonés tenia del Perú era indiscutiblemente el majestuoso Machu Picchu o las misteriosas líneas de Nazca. Pero la popularidad del país que me vio nacer y que quizás no me verá morir creció con la llegada del ex presidente Alberto Fujimori al gobierno peruano. ¿De qué país eres? Del Perú. ¡Ah... Fujimori san! Era el clásico dialogo, aunque aisladamente por ahí alguien terminaba hablándome de la grandeza del imperio inca, en ese momento henchido de orgullo respondía con un emocionado ¡Sí!

Eran tiempos en que la comunidad peruana, segunda colonia latina más grande en este país, estaba conformada básicamente por obreros –algunos con estudios profesionales-; hombres y mujeres decididos a salir adelante, compatriotas emprendedores que venciendo la gran barrera cultural y del idioma fueron surgiendo de a poco en este país que en un principio generosamente nos abrió sus puertas brindándonos la oportunidad de pensar en un futuro mejor.

Los primeros inmigrantes una vez establecidos en esta isla asiática empezaron a traer a la familia: esposa, hijos, hermanos. Lentamente todos fueron integrándose a su nueva vida: los menores en la escuela y los mayores en su centro de labores. Con ellos un nuevo capitulo empezaba a escribirse no solo entre los peruanos sino también dentro ese universo de nacionalidades que pujantemente avanzaban con firmeza por alcanzar las metas trazadas.

Muchas veces a esta nueva generación solía decirle “ustedes no tiene porque repetir nuestra historia, nosotros fuimos la generación de los obreros pero ustedes tienen que ser la generación de los profesionales solo así sentiremos que el esfuerzo realizado no fue semilla sembrada en el desierto”. Hoy tengo la alegría de ver que dos jovencitos a quienes conocí desde pequeños son profesionales en diferentes especialidades, hijos de ex compañeros de trabajo.

He visto crecer niños peruanos con un futuro prometedor; familias que han detectado necesidades y gracias a ello crear pequeñas empresas; compatriotas que han logrado desarrollar su potencial profesional dentro de empresas japonesas; obreros que “se pusieron la camiseta” y aprendieron a manejar tan bien la calidad como algo propio; personas que han venido a dejar su fuerza y juventud haciéndole bien a éste país.

Pero no solo tenemos admirables personajes dentro de nuestra comunidad sino que también los tenemos a escala nacional, conocidos por peruanos y japoneses, como es el caso de Kaoru Morioka, reconocido como el Mejor Jugador de la Liga Profesional de Futsal de Japón en el 2008, entrevistado hasta el cansancio por todas las televisoras japonesas; también esta “Toto” Castillo, joven boxeador que acaba de ingresar al ranking japonés de la categoría Ligero de la WBA en el puesto 8 tras noquear al numero 6 del Japón Daisuke Hata; ahora podría disputar el titulo nacional antes de fin de año.

Somos muchos los que de manera sincera, honesta y licita nos hemos desenvuelto en este archipiélago, ganándonos el respeto de nacionales y extranjeros, aunque otros tantos mezquinos pretendan desconocer el esfuerzo realizado por los inmigrantes, legales e ilegales, contribuyendo en el desarrollo de Japón.

Algún día un inmigrante latino escribirá la historia de lo que fue el paraíso y la odisea de vivir en Japón, desenmascarando el mito creado en torno a este país. Por ahora seguiré contribuyendo desde este blog con mis historias.


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15 abril 2009

El Japón de ahora.

Con el paso del tiempo he sido testigo de cuánto fue cambiando el Japón que me recibió hace diez y siete años con el de ahora. A pesar de no tener el mismo porcentaje de inseguridad ciudadana que se conoce en otras latitudes del planeta podemos decir que la delincuencia se ha incrementado alarmantemente: asaltos, violaciones sexuales, asesinatos horrendos, prostitución infantil, etc. Diariamente este tipo de noticias se reporta a través de los noticieros televisivos y prensa escrita nacional. Crónicas policiales que no se difunden mas allá de sus fronteras porque los protagonistas son nipones.

Algo que antes habría resultado de cuento era imaginar que en este país industrializado llegara a existir una gran escasez laboral como la de ahora. Cuando la crisis mundial estalló y empezó a extenderse como reguero de pólvora, como una feroz pandemia por todo el mundo, los expatriados residentes en este archipiélago asiático jamás imaginamos el efecto devastador que tendría en las fábricas donde laborábamos. Son miles los desempleados foráneos, y otra cantidad similar que han empezado el retorno, el éxodo a la tierrita de origen.

Normalmente solíamos coincidir personas de muchas nacionalidades, cada domingo, en alguno de los centros comerciales pero ahora cualquier día de la semana es común toparnos con una gran masa de extranjeros desempleados pululando por los pasillos de estos grandes almacenes, sin dinero en el bolsillo, tan solo recreando la vista con la fastuosidad de sus escaparates.

De ser la más importante mano de obra que colaboró con el crecimiento de este país hemos pasado a ser los culpables de todos sus males. El japonés pareciera llevar en su ADN el jamás reconocer sus errores y buscar en otros al responsable de su actual falencia social, los elegidos somos los llegados desde tan lejos. Hoy la policía exige documento a cuanto extranjero se le atraviese, como si fuéramos peligrosos antisociales, ya no importa si estas legal o ilegal, solo basta que seas inmigrante para que se te acerquen rodeándote dos o tres efectivos, me recuerdan a la GESTAPO de Hitler persiguiendo a los judíos.

Hace poco la ultraderecha japonesa salió a las calles exigiéndole al gobierno que expulsara a los extranjeros porque para ellos somos responsables de su actual situación, que rápido olvidaron que éramos los que trabajaban de 8am hasta las 10pm para que pudieran irse temprano a casa a reunirse con sus familiares o a encontrarse con los amigos en algún bar sin que la producción se viera afectada. Ahora sufren de amnesia, pretenden ignorar que nosotros aceptábamos realizar aquel trabajo que ellos rechazaban por ser peligroso, cansado y sucio; hoy empujados por la actual situación están dispuestos a efectuar.

Ralph Ellinson decía: “Hace falta un compromiso muy profundo para cambiar y un compromiso hasta mas profundo para crecer”. Esto es algo de lo que esos politiqueros xenófobos por siempre adolecerán.

Intervención policial a un extranjero en Nagoya.



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